miércoles, 20 de julio de 2011

Francisco Massiani



                           


FRANCISCO MASSIANI


Biografía
Nace en Caracas el 2 de abril de 1944. Vive con sus padres en La Florida. Viaja a Nueva York cuando tenía 4 años y permanece allá aproximadamente un año. Luego regresa a Venezuela. A los siete años llega a Santiago de Chile con sus padres. En esa ciudad transcurre su infancia y parte de su adolescencia. Estudia en el Kent´s School y comienza su pasión por el fútbol. Massiani recuerda esta época con mucha nostalgia, con mucho cariño, sobre todo a sus amigos del Kent´s School, el fútbol y a sus padres, quienes eran muy felices en esa ciudad.
 Francisco Massiani es un novelista, cuentista y dibujante venezolano. De lenguaje claro, transparente, gestual, de alguna forma testimonia la desolación de los jóvenes de su generación.
Obtuvo el Premio Municipal de Prosa en 1998. En el 2005 resulta ganador del V Concurso anual de la Fundación para La Cultura Urbana, con su libro de relatos Florencio y los pajaritos de Angelina, su mujer. En el 2006 publica su primer libro de poesía.




Obras Literarias
  1. Piedra de mar (novela, 1968)
  2. La primeras hojas de la noche (cuentos, 1970)
  3. El llanero solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes (cuentos, 1975)
  4. Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal (novela, 1976)
  5. Con agua en la piel (cuentos, 1998)
  6. Florencio y los pajaritos de Angelina su mujer (cuentos, 2005) 
  7. Antología (poemas, 2006)
  8. Señor de la ternura (poemas, 2007) 
  9. Fiesta de campo y Renate o la vida siempre como en un comienzo (novelas, 2008)




Selección de texto de Francisco Massiani.


¿Quién duda que yo soy un tipo? Y cuando me pongo mi terrible bluyín, y me forro el pecho con el pulóver que me trajo el primo de allá arriba, y clavo mis botas tacón aluminio en Bebi, y arranco, ¿quién duda que yo soy un tipo? Así y todo sin la Bebi ¿quién lo duda? Basta con mirar a ese tipo, que soy yo, ese que está en el espejo, ahí delante de ti, animal, fíjate la altura, el cuerpo, fíjate los músculos de los brazos, de las piernas, duro, compacto, igual a mí, Bebi, maldito sea el italiano, el carajo que me la mató. La Bebi, la linda, me llamaban flecha de oro. Apenas cogía una curva y estaban las Gutiérrez asomadas en la ventana, envidia, una maldita y podrida envidia es lo que tenía Tobi, el hermano. ¡Ese Tobi, qué tipo! ¡Ese sí que es un tipo! El tipo más culillúo que he visto en mi vida, «Oye Tulita», ¡qué tipo! con esos pantalones de vaca gorda, ni siquiera sabe meterse un tabaco en la boca, pobre friend, está condenado, siempre lo dije. «Ese amigo tuyo Tulita, no me gusta», fíjense: de novio con mi hermana. Me pregunto, a veces, cuando estoy solo en mi cuarto, y fumo, y miro el techo y me siento feliz porque mañana voy a cansar a Bebi, la voy a quemar por la playa, pensando en la arena y los cauchos arrastrándose sabroso sobre el pavimento, raspando la tierra, después un salto, la curva, y dejas atrás los árboles, las palmas, la gente pasmada, y tú solo con todo el aire quemándote la cara, el viento entre brazo y brazo, perforando el aire con tu cuerpo, cuando pienso y fumo y miro el techo, me   pregunto para qué sirve sinceramente tener una novia y visitarla, me pregunto, para qué enredarse la vida con una carajita que lo único que hace es «Oye, Rulos, ¿por qué no me llamaste el otro día?» Yo no le marco tarjeta a nadie, y si vivo en casa es para que los viejos me mantengan, que alguna culpa y vergüenza debería de darles haberme traído a esta aburridísima y pordiosera vida. ¿Para qué vives? le pregunté el otro día al Nico, y el Nico se rió como un estúpido. « ¿Que para qué vivo? ¿Y pa qué me preguntas esas vainas? ¿No ves que estoy cansado? Estoy meditando en la erótica», me dijo. Él llama eróticas a las películas donde aparece por lo menos una mujer desnuda, o por lo menos, ¿qué te digo yo? Una tetica al aire, eso.
No crean. Yo sí me lo pregunto, y a veces les cojo una arrechera a los puretos: ¿para qué carajo?, me digo yo, ¿no? ¿Para qué tener hijos? ¿Para qué reventarse el coco trabajando como un animal y tener que vestir al salvaje, educar al salvaje, y matarse porque el salvaje tenga que matarse después salvajemente, para tener que mantener otro podrido salvaje como tú? Me juro a mí, a éste que ahora cruza la calle, y que es el tipo más cojonudo de por aquí, que a este terrible y único tipo, y más tipo que todos los tipos de por aquí, este tipo que soy yo te daría asco tener que mantener un maldito. ¿Para qué? A veces estoy con los del monte. Juro que por mí, que arrasen con la ciudad y quemen esta chifladura y deprimidísima ciudad, ¿qué se gana?, me digo yo. ¿Pero qué diablos ganas con quemarte los veinte años de podrida vida que te quedan, pudriéndote en un deprimido trabajo? ¿Un billete? ¿Y qué haces, dime, con ese billete? ¿Lo metes en el banco? ¿Se lo das a tu abuela? ¿Te rascas los cojones con ellos? No: pagas. Pagas y sigues pagando las chifladas cuentas que la histérica mujer que odias, todos los días, te enchufa porque el televisor explotó, el gas, la luz, el agua, y todo ese loquito millar de deudas que tienes en todas partes. Por eso yo, yo soy un tipo, mano. No hay quien lo dude. Mira a ese tórtolo, velo ahí, ese que camina como volteando para atrás, no mano, esa es una versión podrida, no es tú, no es como yo, que soy un tipo y que ahora acurruco el pito entre los dientes y disparo tres tiros de humo, ¡ay!, es que dan lástima. Mira a toda esta gente… todos apuraditos por llegar a sus casitas y echar una cagadita y darle una cogidita a su hembrita para tragarse su platico y salir apuradito a coger el carrito, tomar la callecita menos podridita de los podridos auticos, para llegar tempranito al trabajito y saludar al jefecito y tomarse después un cafecito y salir tempranito porque su mujercita no puede estar tranquilita porque no ha llegado el maridito, o si no tragarse el aguacolonia porque es muy jediondo llegar tan temprano a tu podridita camita donde estirar tus podridos huesos y esperas que la tumba abra su jeta y te trague, cabrón, porque es eso lo que te va a hacer. Por eso, mano, yo soy un tipo. Yo no sudo. Que suden los civiles. Que el presidente y el loquito que va a salvar la nación y el que te levanta el puente y se llena de billetes. Yo no, mano, yo tranquilo con mi Bebí, hasta que tenga que volarme la cabeza con una automática, porque yo, mano, cuando tenga que caer en esa chifladura y deprimidísima city me vuelo antes la tapa del coco.
Ya Goyo lo hizo. Pero lo hizo demasiado temprano. Ese estaba loco. Yo no, mano, yo no estoy loco. Yo tranquilo y quemo a la Bebi, y saludo a la Pelopeinao, que ahora me debe estar esperando para ir a una de balas. Creo que es el Día más Largo. Me dijo Pelopeinao que es un tiro: apenas tú estás sentado, ves más de un millón de balas. Me gusta esa vaina. Después la dejo en su departamento, y yo sigo a ver al grupo. Pelopeinao. Pelopeinao. ¡Ja! buen nombre.   Una tipa que saqué de la locura, un día que la encontré derretida de alegría en un café. En mi vida de tipo que tengo, en los diecinueve años de tipo que tengo respirando, no vi una hermana más podrida de fastidio. Me senté y le dije: tú, oye, te habla el tipo. Ella sonrió. Mira, tú, el tipo te dice que quiere conocerte. La tipa cayó. Oye, tú, el tipo te invita un helado. La tipa histérica, y tuve que llevármela al cerro. Es fácil. Coges por el Country, dejas a Bebi, te vas por un caminito y tranquilo. Aunque tengo tiempo sin echar un vistazo. Quién sabe si no la legalizaron ya. Aquí en esta city todo se pudre, mano: tú descubres tu felicidad, y quieren que les des un mordisco. Por eso nunca di contacto al grupo, de Felicidad. Es único. Puedes ver tu podrida city, lo suficientemente lejos de ti, como para no sentir su podrido y hediondo aliento. La tipa me chillaba: ay, ¿y si llega un guardia nacional? Cállate, Mira que estás con un tipo. No te pongas histérica. No soy tu marido, ni pienses que por un chubasco me vas a enganchar. Yo soy un tipo, mano, y tú una tipa. Nos encontramos, nos contentamos un rato, y chao. Mañana no te conozco. Eso dije. Pero la vi. Está mejor que la Cardinale. Y lo peor es que cada vez me ablanda más. La última noche que nos contentamos le dije: oye, ternura, pásame un tabaco. Yo. Un tipo. El más tipo de todos los tipos, con esa cochina y podrida palabra inventada por los podridos civiles de esta podrida city. Al salir, antes de arrancar con Bebi, por traición, por haber escupido una podrida y maldita palabra falsa, me castigué el mentón con un raspón de nudillo. Pero está que caga. Es la tipa más tipa que he sorprendido en la city. Por eso, y porque de vez en cuando me mete el billete, la busco. Y ahora, si la busco, es por sacarle un billete: Bebi está coja, y tengo que ponerla a valer. Me cuesta dos billetes. No tengo ni para un tabaco. Es  el gracioso pureto mío, que me chantajió asustándome con enviarme a un Colech de arriba, si no me letreaba. ¿Quién puede, y para qué sirve letrearse? Eso es para Tobi, para Tulita, para esa podrida y deprimidísima chusma. Yo no, mano, yo no me letreo. Yo soy un tipo.
Y no crean que me siento menos tipo por no letrearme y cogerme un billete de la tipa. ¿Qué hacen ustedes? Ustedes se muerden las nalgas quemándose el sombrero en el trabajo, ¿no? ¿Y quién les paga? ¿Les paga el Presidente, el ministro, el sherif del negocio? Bueno, mano, a mí me paga la tipa, y no siempre, por lo contenta que la dejo. Porque la tipa tiene un maridito, Yes… Y un maridito tan chamusqueado como el que más: un auto, departamento en lo más jai de la city, abogado, amigos que asustan en la pantalla con cambios de la estructura socioeconómica de la nación, que es como creo que llaman a arreglar el juguete, y todo, bueno, el maridito trabaja para el sherif, y no para la tipa, yo la contento, y ella a veces, no siempre, porque no siempre necesito el billete, me clava el papel en el tabaco. ¿Y qué hay? ¿Tú te crees más tipo que yo? ¿Por qué? ¿Porque tú te ensalsas el cerebro todos los podridos días en tu podrido juego? Yo no mano, ya lo dije. Yo soy un tipo. Un tipo que tiene su tipa, su Bebi, y su grupo. El mío es de tipos como yo, aunque hubo hace poco dos traiciones: estaba prohibido volarse la podrida tapa del sombrero antes de cumplir los veintiséis, y el Goyo se la voló, y la segunda traición, fue la de Tarzán: se metió a santo. Ahora y que va a limpiarle los riñones a todos los podridos civiles porque está convencido de las reformas socioeconómicas que necesita el podrido país, seguro que le lesionó el sombrero un fantasma de la pantalla, ahora anda y que en un partido. A mí que no me hable. Estaba bien dicho: nada con la city. Y dos traiciones, en menos de un año. Van  mal. Lo dije ya. Los grupos terminan mal, pero no me hicieron caso. Querían el grupo y hasta con uniforme. Yo soy un tipo y no una cachucha alegre. Eso fue lo que dije. Un tipo no usa uniforme y el que quiera un disfraz, que se meta a carnicero, es el disfraz más barato. Yo soy un tipo y los tipos no se forran de disfraces. Y la gente cerró el canario y asunto arreglado. Pero ya dije: dos traiciones. No hablo de la tercera porque no es ful equipo. Tobi quería novia y la tiene. Allá él. Además nunca fue del grupo. Nunca. Apenas lo conocí, dije: este flaco no es un tipo. Aunque sí lo es. A su modo, claro: letreándose y andando con un sin techo, metiéndole a Tulita a todo el mundo. Allá él. Cuando el grupo quiso hacerle un chiste, dije que no. Después de todo es buen tipo, aunque se letree y se deje falsear por las podridas costumbres de esta podrida city que nos rodea. «Dejen tranquilo a Tobi», dije, y todo el mundo calló el canario. Largo no. Largo todavía quiere darle una sorpresa. Yo ya se lo dije a Largo: si te metes con Tobi, te rajuño. Y Largo también cerró el canario. Aunque las ganas de sorprenderlo no se le han gastado todavía. Yo no. Yo siempre digo: si los podridos tipos que todavía no se han podrido del todo quieren podrirse a sí mismos, que se pudran. Para eso tienen sombrero. Yo lo tengo y ustedes que son el grupo, lo tienen. Dejen en paz podrirse a todos los tipos que así lo quieran, y vivan sus podridas vidas de tipos. A mí me respetan. Lo sé. Hasta me tienen envidia. No hay un solo tipo del grupo que use mejor un bluyín que yo. Y no hay un solo tipo en el grupo, que tenga una tipa mejor que la mía. Ni hay un solo tipo en el grupo, que sepa más yudo, cárate y boxeo que yo.
Soy un tipo. ¿Quién lo niega? Basta con ver a ese tipo que está retratado en el vidrio de ese techado para comprenderlo. Un tipo, mano. Todo un tipo. Y tú apártate, que vengo yo, tenía   que ser un civil. Ni siquiera sabes caminar en dos piernas, infeliz. Apártate. Eso. ¿Por qué no sabrán caminar estos podridos civiles? Andan como asustados. ¿Qué les pasa? ¿No están contentos con sus podridas vidas de civiles que sudan todos los podridos días? Tener que pisar con mis pies esta city, me llena de asco y arrepentimiento. Lástima que la Bebi esté enfermita. Mañana mismo la pongo a valer y no hay quien me encuentre. Un tipo como yo, necesita de aire puro, de mar y aquí en la city no hay mar. ¿Entonces qué? El tipo se pierde hacia la playa. Se pierde hacia la playa con su tipa y después regresan a la podrida ciudad con la piel lista para llenar de envidia a los podridos civiles caras pálidas de esta podrida ciudad. Porque un tipo no puede vivir así. Con la piel sucia como la sucia piel de todos los civiles de esta sucia city. Un tipo no. Un tipo sabe que algún día tiene que partirse el sombrero, y quemárselo de una bala, y un tipo que sabe que es un tipo, y que todavía no se ha partido el sombrero, ni te ha llegado la edad de decirle chao a sus podridos amigos, y a su podrida city y a su podrida tipa y a su podrido grupo y a su podrida familia, un tipo, si es un tipo, tiene que entender que no basta una Bebi, ni una tipa, ni ponerse contento con la tipa, un tipo tiene que entender que debe tener su piel limpia y bien manchada de sol, para que su tipa sea más tipa y más contenta con él, y para que su piel no sea sucia, y pueda durar más días y así el tipo más días, feliz, siendo un tipo como lo soy yo.


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